Era un día tan normal, tan gris, que pensaron que si quiera la llegada de una espesa niebla podría entristecerlo más, cuando de repente empezó a romperse aquel capullo en miles de trocitos y por un momento creyeron todos que todo estaba perdido, cerraron los ojos y lagrimas frías recorrieron sus rostros, el silencio fue tan profundo que disminuyo el ritmo de los latidos.
Volvieron a abrirlos debido a ese delicado hilo de esperanza que siempre habita en los sueños, sin embargo, se rompió abruptamente al ver que nada había cambiado, de repente uno de ellos esbozo una sonrisa y todos entre su dolor le odiaron, aquel despreciado lentamente se acerco a lo que quedaba aún escondido entre las capas del tejido y le beso, le beso calidamente como nunca nadie en la existencia del mundo había besado a alguien, una ligera luz se desprendió del interior de aquella cubierta y en ese instante todo lo que se movía se detuvo para admirar la magnificencia de las alas brillantes más bellas que había poseído alguien en aquella tierra.

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