Érase una vez… un niño que soñaba con un arma.
Él hablaba consigo mismo:
si tuviera un arma, ella aún me cantaría todas las noches
si tuviera un arma, ella me seguiría dando un beso antes de dormir
si tuviera un arma, no habría tenido que enterrarla
si tuviera un arma, él no la habría golpeado hasta matarla
si tuviera un arma, él se hubiera ido, y nos habría dejado en paz;
si tuviera un arma, él no metería mujeres a esta casa
si tuviera un arma, él no me lastimaría cuando está borracho
si tuviera una arma, podría jugar en el patio
si tuviera un arma, él no me encerraría en mi habitación
si tuviera un arma, borraría esa sonrisa de su cara
si tuviera un arma, mi espalda no tendría las marcas de su cinturón
si tuviera un arma, él escucharía lo que tengo que decir
si tuviera un arma, le mostraría de qué color es su sangre…
El niño huyó siguiendo las luces de otra ciudad
y los años pasaron como en un desfile de pésimo gusto,
los retoños, tarde o temprano, se convierten en un árbol
y las victimas, tarde o temprano, se convierten en villanos.
Érase una vez… un hombre que consiguió un arma.
S. Mosley
Un poema cruel, pero no tanto como sentir este dolor amargo de reflejo al leerlo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por leerme ♕