Esa horrible sensación que recorre mi cuerpo comenzando desde el primero del mes e incrementando de manera descontrolada hasta el día de hoy para estallar mañana, es 23 y no me gusta, odio este mes, odio estas fechas, odio el cambio en el aire, odio la tristeza, detesto las luces que destellan, me fastidian las personas sonrientes y no poder sonreír como ellas.. No había escrito desde hace tiempo, no quería escribir más cosas tristes y esperar a sentir algo alegre que mereciera la pena ser leído que hiciera que el corazón del lector palpitara más lento, con calma, en armonía que las palabras fueran llevadas desde mi boca hasta sus sonrisas. Los que me han leído desde hace un año saben lo mucho que detesto esto, saben el desespero que causa en mi, la tristeza infinita que se apodera de mis ojos cada 24 y los hace estallar en llanto y esta vez no será la excepción, me temo. Todo iba a ser perfecto, no faltaba nada, compras, regalos, sobraba la comida, todas eran ideas y en eso quedaron.. Ni siquiera podremos estar en casa, los gatos pasaran la noche durmiendo solos, sin nadie que les acaricie, y nosotros, aún no se qué será de nuestra noche. Ya no quiero llorar, no quiero una navidad más de estar encerrada en mi habitación recostada en el mismo rincón escribiendo, lastimándome, deseando no existir. Quisiera no tener que soportar otro año más de vivir así.
Mi abuelo, volvió a sus días de no ser él, volvió a ser una sombra borrosa en mi mente, era un hombre, un hombre que amaba, ahora es un vacío.
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