Hace un mes no escribo, ni en mi diario, ni acá, ni en ningún otro lado. Mi mente, mi tiempo, mi vida, se han reducido a los números, si cambian o no, con la esperanza de que un día disminuyan cuanto quiero, cuanto he soñado. Con el pensamiento constante de lo que debo y no debo hacer, tratar de mantener el control, de no perder todo lo que he logrado, el miedo de que vuelvan a subir y yo vuelva a caer. Ya no he estado como antes, ya esos colores tan opacos no están, pero tampoco hay sonrisas. El agua permanece turbia y promete subir la marea aunque por más que lo hace no me ahogo, pero tampoco encuentro una isla lo suficientemente alta para que las olas no me alcancen. Quisiera huir, huir de mis pensamientos, de mis problemas, de que mi abuelo que tanto amo este internado, quisiera que su vida fuera distinta, quisiera tenerle a mi lado, queriéndome como siempre lo ha hecho, sin esa maldita ansiedad, que nunca se hubiera convertido en ese ser despreciable a quien aborrecí cada noche, que siempre hubiese sido el lindo recuerdo que quisiera tener de él. Espero que vuelva pronto, espero que vuelva él y no aquella silueta oscura.
Extraño la vida que solía tener hace un año, extraño la que solía ser hace tres, todo ha cambiado tanto, ya no me reconozco, no reconozco a las personas que me rodean, son desconocidos, seres que solo ocupan un lugar en el espacio, pero no un espacio en mi corazón, temporales y cambiables, reemplazables.

Por acá también te leemos, te entendemos y nos importa leer.
ResponderEliminar¡Saludos!