Tomó la llave de su vida y abrió la puerta, él sin pensarlo salió corriendo a través de ella.
Ella despertó después de perder el sentido, con los ojos rojos, el estomago vacío, el alma rota y el corazón partido. Ayer le habló, enloqueció, el amor hace eso, el desamor peor. La noche comenzó fría, amarga, solitaria y ella ahí llena de melancolía, se dio cuenta de que a pesar de la esperanza que seguía recorriendo sus venas, ya sus labios no pronunciaban su nombre, ya no la besaban, ya sus brazos no eran en lugar más seguro del planeta. Escribió cada día desde el último, relato cada sentimiento, cada lagrima que derramó, cada estúpida pronunciación, cada ilusión.
Se dio cuenta que seguía esperando, con tanta esperanza, mientras el reloj marcaba cada hora, más se apagaba aquella débil llama, cada vez que sonaba, miraba con afán y una y otra vez de nuevo no era él.
Aún le quedan algunas horas más, antes de darse cuenta que en realidad ya se acabó, pero cada trocito de su corazón sigue latiendo despacito, cada pedacito sigue doliendo lleno de amor.
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