Extraño dejarme llevar por la corriente del agua, por el viento, extraño no sentir nada, extraño los sinsentidos placenteros, el humo espeso, el licor quemando mi garganta, extraño retar a la vida y a los extraños, dejarme ir, volverme un poco mierda.
Los besos escurridizos, casuales, de sabor amargo, de labios que pertenecen a sombras de las que no recuerdas la mirada ni el rostro. No pensar, ni en el ayer, el hoy o un futuro, solo estar en ese preciso momento y disfrutar, perderse.
El pasado suena tan tentador, la locura tan seductora, el libertinaje y la pasión. Pero nada, nada, se compara a tu amor, y esa es la razón del porqué me limito a extrañar en vez de hacer de ello nuevamente una realidad.
Porque los labios desconocidos nunca se sentirán igual que los tuyos, que tienen la forma perfecta para encajar en los míos, porque despertarme y recordar tu mirada le da sentido a levantarse cada día, porque tu rostro para mi es mejor que cualquier poesía y eso, eso, mi vida, no lo cambiaría, ni por la mejor noche de mi vida.
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