viernes, 23 de mayo de 2014

Dejo.

El frío pasaba entre sus dedos, golpeaba su rostro, rozaba moviendo su cabello, pero su piel no sentía al viento.
El sol iluminaba el día, le brindaba una compañía una sombra que mientras estuviera la luz la acompañaría, sobre ella sus rayos caían, pero calor tampoco sentía.   
Leía pero no podía encontrar palabras, solo eran letras estáticas que no le decían nada.  
Fumaba para apaciguar el día, lo hacia junto a otros,  otros que solo reían, ella en silencio con los ojos rojos miraba al cielo, veía las nubes grises y las gotas de lluvia que la mojaban, pero no sentía nada.
Besaba para desquitarse de la vida, para darle un golpe a tanta desdicha, rozaba los labios de alguien que la miraba como si fuera lo más hermoso que existiera en la vida, esos ojos y esa boca la deseaban y ella se regalaba, pero las caricias estaban vacías. 
Se acostaba, por muchas horas, sin poder conciliar el sueño durante toda la noche, al amanecer sus ojos se cerraban pero no lograban mostrarle nada, dentro de su mirada de los sueños que habían ya ninguno quedaba.
Esperaba, dejo que el tiempo pasara, con la esperanza de que todo algún día cambiara. No cambió. 
Un día, el mismo en que nació se cansó y por fin sintió... el dolor recorriendo su cuerpo cuando el filo atravesó su pecho.


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