Estuve hablando con alguien, si, hablando, haciendo eso que saca a flote todo el daño, conversando, profundamente, hace mucho no lo hacía. No me gustó.
Hablar de mi, hablar de lo que siento, hablar de lo que pasa, son términos que bien no son nuevos, los detesto. Nunca he sido buena con eso, tampoco con el tema de controlar lo que siento, menos con el análisis por parte de terceros. No soporto los juzgamientos, tampoco las críticas por más constructivas que
sean, mucho menos las miradas de lastima o los abrazos que pretenden darme alientos.
sean, mucho menos las miradas de lastima o los abrazos que pretenden darme alientos.
No se confundan, no es como si dijera que no se sienten bien, un abrazo siempre es cálido y te hace sentir mejor, pero cuando hay tanto frío dentro de ti, un abrazo saca todo a relucir y tus ojos, tus ojos negros, cafés, tus ojos cansados, tus ojos tristes, se abren, se delatan, se cierran y demuestran. Ahí esta el verdadero problema DEMUESTRAN ¿Qué? Todo. Todo lo que no debería saber nadie, todo lo que tanto tiempo tu pecho ha cargado, todo el silencio que tus lagrimas han guardado.
En ese momento solo quieres mirar atrás, esconderte, callar a quién pregunta, evadirlo, no son nervios, es miedo, del más puro, del más físico, miedo de no poder contener todo lo que por mucho tiempo has podido. En un momento efusivo y extraño, en un momento de sentimientos alborotados, podrías hacerlo, podrías decirlo todo, explotar y arruinar todo. No puedes permitírtelo.
Esa persona dijo: "Hablar con alguien muchas veces es hablar consigo mismo", cuando has hablado demasiado contigo mismo, esa se convierte en la exacta razón por la cual es mejor guardar, seguir callando que seguir arruinándolo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por leerme ♕